MI PRIMER PORRO A LA SOMBRA DEL FASCIO

Sí, tuvo que ser a la sombra, mis amigos de aquella época y yo, escondiéndonos de las personas mayores que eran nuestros mentores en la defensa de la madre patria, y que nos dirigían en nuestras maneras de pensar y actuar. En aquella época juvenil entre los 15 y 16 años, empecé a tontear con la política. Un poco como casi todo el mundo hace, por ignorancia, y otro por ese arrastre que se siente de copiar lo que otros viven antes que tú. A esa corta edad sientes la necesidad de seguir a los que ya están aquí, que te guían por los caminos por donde tú vas a viajar, es ley de vida. Para que luego digan que no somos animalicos, es lo mismo que hace cualquier ser vivo en la naturaleza con el único fin de sobrevivir, copiar a sus hermanos mayores en las artes de caza y reproducción.
En mi caso supongo que por mi natural manera de ser de buscar experiencias límites, me uní a ciertos grupos de ultraderecha, un poco por lo que he dicho antes, y otro porque en la desbordante juventud tenías que pertenecer a algo. Ser distinto y desmarcarte de la gran masa. Lo que no sabes es que acabas siendo parte de otro tipo de masa, con otro tipo de reglas que para lo único que sirven muchas veces, es para manejarte solo con fines económicos.
En mi colegio de curas, había más fachas que rojos, ya que era un colegio de pago donde cursaban estudios hijos de militares, de profesionales adinerados con ideas políticas de derechas, conservadores unas veces y otras más o menos radicales.
En aquellas épocas los partidos más importantes de derechas eran: Alianza Popular de Manuel Fraga, Fuerza nueva de Blas Piñar, Falange Española y de la JONS, (el partido de la Falange de siempre) y Cedade, circulo español de amigos de Europa, que era el partido nazi español, y luego montones de partidos que iban naciendo poco a poco de las disputas entre los que ya estaban, típicas luchas por el poder que suceden en todas la pirámides, que como siempre pasa en la vida del ser humano, acaban buscando enemigos, estén cerca o lejos. Eran cuatro gatos, estaban en contra de todo, y encima no se podían ver entre ellos.
En mi familia nunca han sido nada políticos, si que he tenido familia militar de derechas, pero tampoco que yo sepa han tenido ideas políticas muy activas. Mis inclinaciones políticas de aquella época las tenía que mantener en secreto, lo cuál le daba también algo de misterio y gracia al asunto.
En Zaragoza las zonas de marcha y disfrute, de pubs y discotecas, se dividían en diferentes sectores de la ciudad, comprendiendo unas cuántas calles que albergaban diferentes locales de marcha y donde todos, tenían diferentes connotaciones políticas. No había elección, o eras de un bando o de otro y era bastante difícil mantenerse al margen. Evidentemente la gran mayoría intentaban no comprometerse con los más radicales y pisaban diferentes locales ubicados dentro o fuera de las típicas zonas de marcha más o zonas más neutrales. Pero las zonas que existían, de una manera u otra, estaban unidas a la política, tanto por que sus dueños tenían esas inclinaciones o porque al estar dentro de diferentes zonas, los clientes que los llenaban acababan por llenar el local de un tipo o de otro. Las zonas eran de rojos, de fachas, de porreros y jonkis, de heavis, de macas, de gente de las barriadas, en fin de todo un amplio espectro de la sociedad de entonces.
La zona “facha” se ubicaba entre Francisco de Vitoria, león XIII, General Sueiro, y Pedro María Ric, adornados los límites del extrarradio con sendas pintadas que marcaban el territorio. “ZONA FACHA, NI ROJOS NI MACARRAS”. Muchos de aquellos locales todavía siguen en pie y abiertos algunos con otros nombres, y muy pocos ya, con los originarios. A esa zona de bares, se le sigue llamando “la zona” entre la juventud.
Mis amistades del colegio marcaron mis primeros años de la vida de la juventud entre movimientos fascistas y neonazis. Primero porque en mi clase había muchos hijos de personas relacionadas con estos movimientos y segundo porque en sus zonas de marcha, gracias al nivel económico de sus familias, tenían las mejores chavalas, los mejores coches y las motos más rápidas. Se organizaban fiestas a lo grande en sus chalets familiares, entrabas gratis en las mejores discotecas, y tener un trato de preferencia en los mejores pubs de la “zona”, lo cual te hacía sentir importante y diferente.
En estos ambientes las drogas estaban prohibidísimas. Era poco menos que pecado mortal. Eso sí, el alcohol corría a raudales. Nosotros éramos los pequeños de las ordas fascistas, y nos aleccionaban desde que eras un pequeño cachorro para servir a la madre patria con no me acuerdo ya con no sé cuántos postulados que nos metían en nuestro cerebros vacíos en mítines y demás congregaciones “los de arriba”, o como nosotros les llamábamos “los mayores”. Nos inculcaron grandes ideas estúpidas, que en el fondo son las de siempre que utilizan en las diferentes ramas políticas, me da igual que sean de derechas o de izquierdas, son iguales en todos los diferentes partidos. En este caso se marcaba por un amplio sentido del deber a la patria y las obligaciones de defender nuestra tierra y raza de las ordas rojas y anarquistas enemigas. Canciones patrióticas y diferentes enseñas militares, banderas y demás artilugios completaban nuestra educación. Las banderitas de los relojes, los adhesivos para las carpetas, los brazaletes, las banderas, las camisas militares, toda una parafernalia que rodeaban estos crepúsculos, y entre todas ellas, la de que las drogas era una amenaza contra nuestra juventud, que corrompe y daña a nuestros vástagos. En realidad con el tiempo comprobé que era más bien porque al darte libertad de pensamiento mandabas a la mierda todas esas estúpidas ideas nacidas hace muchos años en sistemas de luchas por el poder y el dinero de las naciones. Y con esto se les acababa el chollo a los que tenían montado el negocio.
Por eso cuando fumábamos porros, teníamos que hacerlo a escondidas. Con el paso del tiempo, nos enteramos que los mayores, llevaban años pegándoles palizas a los porreros y drogotas, para quitarles las drogas y luego metérselas ellos en fiestas privadas que luego se corrían en secreto, con el consiguiente desengaño por mi ingenua e influenciable persona cuando fui consciente de todo eso. Había sido engañado con premeditación y alevosía, estaba enfadado ya que yo creía ciegamente en lo que predicaban, y eso duele, cuando te das cuenta de que todo en lo que crees no son más que mentiras sermoneadas por personas que te utilizan para sus intereses personales, saltándose ellos mismos todas las reglas a su conveniencia. La vida es un poco eso, mentiras que te cuentan para utilizarte y luego si quieres estar por arriba de los que vienen, tienes que aprender las reglas del juego y mentir a los que vengan detrás para aprovecharte tú. Al fin y al cabo supervivencia pura y dura.
Si que es cierto que no eran la mayoría, pero sí los que manejaban el cotarro, dueños de bares, de negocios varios como fabricas de cazadoras, que todos llevábamos, de jabones que vendían a los bares, empresas dedicadas a diferentes negocios muchas vinculadas entre sí. Había personas que creían en todos los postulados patriotas y todas las teorías políticas fascistas y nacionalistas, y que incluso algún pequeño sector, todavía creen en ello, aunque por lo que he podido saber luego, siempre llevándolo a un plano mucho menos radical.
En el fondo la política es otro tipo de droga que engancha igual que las drogas ilegales que tanto critican. Los mítines donde un orador te dice cosas que tú quieres oír, o que te han dicho que debes de creer, donde se te ponen los pelos de punta cuando todos, una gran masa que piensa como tú gritan al unísono, cánticos y demás sentencias verbales. Al fin y al cabo química que se mueve en el cerebro.
La verdad es que la mayoría de aquellos que nos dirigían, con el tiempo se metieron en el mundo de la drogas, y han acabado manejando el cotarro de la cocaína, pastillas, etc, Incluso sé de algunos que siguen estando en contra, pero como es un buen negocio lo ejercitan sin más. También sé de casos que montaron empresas de seguridad que si no contratabas sus servicios, ellos mismos eran los que te robaban. El ser humano y sus “mafias”, o sistemas de control.
No recuerdo exactamente el primer día que lo probé. En nuestra pandilla hubo unos cuantos que empezaron a tontear demasiado pronto con las drogas, hijos de personas muy metidas en las organizaciones fascistas, de los que nos separamos en seguida por ir demasiado deprisa. Yo y otros amigos no nos sentíamos tan atraídos por ellas, principalmente por la influencia de la ideología que teníamos registrada en nuestro archivo cerebral. Tantos años luchando por unas ideas, con un rechazo absoluto sobre las drogas, y de repente empezaron a expandirse entre nuestros camaradas y amigos.
Recuerdo verles fumar, cuando empezaron a comprar y todavía salíamos con ellos, en los bajos de residencial paraíso, una zona de casas ubicada en el centro de Zaragoza, con diferentes locales comerciales y de marcha en los patios interiores, y nosotros estar allí mirándoles como fumaban para colocarse. Les observábamos como lo hacían, como cumplían con todo el ritual y nosotros a regañadientes les permitíamos que fumaran. No recuerdo si fue allí, en alguna escapada de aquellas donde le di la primera calada, creo que no, porque yo todavía lo tenía claro. Si que es verdad que poco a poco surgió esa curiosidad en todos, ya que se estaba convirtiendo en algo normal. Tampoco recuerdo cuando cambie de opinión, me imagino que sería algo en común, de todo el grupo que íbamos juntos.
En unas fiestas del pilar, fuimos a comprar unas posturas para fumar solo antes de ir a la zona, porque por supuesto allí estaban prohibidas. El pedo del alcohol si que se permitía porque te envalentona y así podías ir a pegar a la gente que no pensaba como tú. Lo que sí que nos enteramos más tarde es que casi todos los pequeños subgrupos de amigos hacían lo mismo. Se salían de la zona o se escondían en casas para que no los vieran y luego con el pedo, una vez fumado el costo, bajaban a los bares.
Lo primero que me atrajo del costo era como olía. Me encantaba. Y ese sabor que se quedaba en la boca con el consiguiente aroma que quedaba alrededor. Y por supuesto el colocón que te daba en el cerebro.
La primera vez que compré, yo hice de recadero. Nos lo consiguió uno que iba a la clase de al lado de la mía, que llevaba bastante tiempo fumando los fines de semana, que me acompañó a un bar de la zona del gancho, donde vendían. El nos enseño a liarlos y nos tuvo que dejar algunos hechos para poder fumar en esa misma tarde.
Empezamos a hacerlo solo en fechas señaladas, pilares, navidades, con el fin de coger algo más de pedo que con el alcohol, por supuesto siempre tapando el asunto para que no se enteraran los mayores.
Empezamos con el costo, ya que se supone que era un poco menos peligroso, más fácil de conseguir y más barato. Por supuesto las anfetas y la heroína estaban hechas para los punkies y los yonkis y la cocaína era algo muy lejano que solo se movía por los ambientes de putiferios.
La expansión de la cocaína en primer lugar y las demás sustancias, surgió cuando subieron los socialistas al poder y legalizaron su consumo. Las manifestaciones fachas del 20-N en Madrid y demás ciudades fueron perseguidas y poco a poco cayeron en el olvido, así como todos los actos y el fin de los partidos de ultraderecha. Enseguida los éxtasis, los trippis y las anfetas comenzaron a meterse en los ambientes nocturnos expandiéndose con una rapidez absoluta y acabando con la política radical de derechas, ya que todos los que estábamos en esos movimientos políticos, que en el fondo lo hacíamos más por la juerga que por las ideas, acabamos metiéndonos en los mundillos de las drogas, unos manejando el cotarro y otros consumiendo a saco paco.

MI PRIMER CIGARRILLO

Me es totalmente imposible recordar cual fue el primero y cuando sucedió. Son épocas de descubrimientos y experiencias tan lejanas y tan borrosas ya. Supongo, que contaría con una edad de entre los doce o trece años más o menos, la misma que cuando empecé con el alcohol y los tocamientos pecaminosos. Me puedo aventurar a pensar que sería al darle unas caladas al cigarrillo que algún valiente compañero de clase o algún hijo de amigos de la piscina privada a la cual íbamos, robara a sus padres o a los hermanos mayores.
Pitillo sacado con sigilo de las bolsas donde se guardaban los enseres piscineros para pasar tan magníficos y largos domingos. Y así, después del pequeño hurto y alejándonos de la autoridad familiar escondiéndonos entre los arbustos que rodeaban las piscinas fumáramos con descaro saltándonos las normas y mirando nerviosos por entre la maleza vigilando para no ser descubiertos con grandes nervios en el estómago como el que está a punto de cometer su primer delito criminal.
También es posible que hubiera podido ser cuando le robaba a mi madre cigarrillos de una pitillera que tenía en el salón de la casa a modo de ofrecimiento para las visitas. Mi madre nunca ha fumado, solo lo ha hecho como un acto social, acompañando a los familiares o amigos en las tertulias cafeteras que se tienen al principio de las formaciones de los grupos familiares, pero eso sí, sin tragarse el humo. Original la mujer ¿no?, pues así es mi madre.
Recuerdo como tenía que coger los justos para que no se notara la perdida y estuviera la pitillera siempre decentemente llena. Salir del salón corriendo y fumármelos a escondidas en la galería de la cocina como un furtivo, tirando la ceniza para no ser descubierto a la tierra de las macetas que allí había y tapándolas en los agujeros hechos con mis dedos, me volvía completamente loco.
Me inclino a pensar que seguramente fue más bien por lo primero, por alguien que ya iniciado te adentra en esos oscuros caminos. No obstante, las dos opciones son igual de atrayentes por lo prohibido del asunto. Qué ignorantes son los padres, no se dan cuenta de que precisamente lo prohibido es lo que te lleva a ello.
El sabor que se quedaba en la boca me resultaba agradable, así como la introducción del humo y la sensación que se quedaba de mareo en la cabeza. Sobre todo, ese gustillo como ahumado entre una rama de árbol recién encendida y una brasa de barbacoa, sabor que sale de las primeras caladas que se le da a cada cigarrillo cuando se enciende.
Los fumaba a escondidas y me iba corriendo a tumbarme en la cama de mi cuarto, que estaba justo al lado de nuestra galería, para así disfrutar del mareo que corría por mi cerebro y luego por el resto del cuerpo. Eran sensaciones nuevas que me atraían sin remisión.
Más adelante el hecho de fumar entre los amigos se convirtió en algo así como una posición de estatus dentro de la manada. “Si fumas eres más mayor y ya no eres tan crío” “Si fumas eres más adulto” “Si fumas, simplemente eres más…” De hecho si en grupo de amigos fuman la mayoría y tú no, te sientes diferente y a esas edades de experimentaciones no gusta en absoluto porque no te integras.
Recuerdo comprarme paquetes de fortuna de cartón blando cuando iba a las fiestas del pueblo de donde era originario mi padre. Ir al estanco, una casa privada con una salita donde se expendía el preciado producto y sentirme mayor por el hecho de comprar un paquete en el estanco con dinero de la propina y llevarlo en el bolsillo como si fuera un tesoro. Era todo un ritual en el que te creías una persona mayor al ser poseedor de tan deseado elemento. Recuerdo mirar a mi primo en las peñas donde nos reuníamos por la tarde antes de empezar los festejos, como cogía el cigarrillo y expiraba el humo y lo sacaba con un gran arte y entonces yo copiarlo como las crías de una manada de leones copian a sus padres cuando cazan y pelean. Así se comienza todo, por la repetición de los actos.
Para mí no había nada tan placentero, en aquella época de descubrimientos, como saborear un cigarrillo en el suelo de una peña con unos ciertos mareos producidos por las pucheretas de vino mezclado que se servía allí. Cierto es que el sabor y la sensación en aquellos tiempos jóvenes poco tiene que ver con la adicción y el mal sabor que se te queda en la boca después de unos cuantos años, pero ese es el comienzo se quiera o no, y la verdad es que son un tipo de experiencias que recuerdo con mucho agrado igual que como otras muchas experiencias sensoriales.
La verdad es que el tabaco cuando ya lo tienes asimilado y no te coloca, te proporciona tan poca sensación de diversión y de euforia que solamente es una especie de necesidad sin gracia, por eso me atrajo más bien poco, de hecho solo lo fumaba los fines de semana para incrementar el pedo de alcohol, y así obtener ese pequeño mareo suplementario que te da, sobre todo si entre semana no fumas y solo lo dejas para los viernes y sábados. Si espaciabas la toma volvías a experimentar los mareos y así te pegaba más el colocón con la mezcla de música, alcohol, luces y baile, con lo que te sale relativamente más barato el pedo.
Esto me duró unos pocos años. Dejé de fumar tabaco en la mili, porque las carreras que nos obligaban matutinamente a repetir, no me agradaban en absoluto y menos aún si fumabas en demasía.
El tabaco no es tan dañino como se cree. Ahí están los buenos puros habanos que fumados después de una buena comida ayudan a la digestión y a la conversación animosa en bodas y banquetes varios. Lo que de verdad es dañino son los componentes que las compañías tabaqueras añaden a los cigarrillos, según se comenta en alarmantes declaraciones de miles de reseñas medicas que hay en revistas e Internet, puede haber hasta 4000 agentes malignos en los cigarrillos, yo no sé donde pueden caber tantos agentes en un cilindro que no llega a los diez centímetros de tamaño pero en fin, las más conocidas y sabidas son la nicotina, alquitrán, arsénico y el plomo, todas cancerígenas. ¿Por qué no los hacen sin estos componentes y que luego la gente decida libremente? Tabaco que mata, con esto, con esto, con esto, y tabaco que no mata sin esto, sin esto y sin esto, más soso quizás pero no dañino.
La verdad es que el tabaco poco altera la mente, y cuando descubrí cosas como el hachiss, también por aquellas fechas militares, y en cuanto probé un buen porro y descubrí la brutal diferencia de colocón que había con el tabaco, dije: “se acabo fumar tontadas, porque si no te coloca, fumar pa nada, pa qué”.




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